Muchos de los directivos y docentes que nos acompañan llegaron con tres años de edad al jardín y hoy llevan treinta años de antigüedad trabajando en la Escuela, con la meta diaria de seguir cooperando con las generaciones que les suceden. Otros ya no están, pero dejaron momentos imborrables que generan cimientos firmes para seguir realizando nuestra tarea con mucho cariño, y proyectando lo mejor para un tiempo de permanente cambio. La llegada de nietos e hijos de egresados nos evidencia el paso del tiempo, pero fundamentalmente el honor y el orgullo de seguir conectados familiarmente, manteniendo la calidez y la calidad educativa que siempre nos caracterizó en nuestra comunidad.